Giuseppe Bellini y Bernardo Reyes, en Alicante, España, (2/05/2004).
LETTERA PER UN FIGLIO IMAGINARIO
Ti scrivo questa lettera
seduto sulla sabbia di un mare che non esiste.
Quando la leggerai,
sentirai lo sciabordare del paese inventato,
le rondini che sfrecciano nel tramonto
e i gabbiani che non temono la furia delle onde.
Un sole meraviglioso illumina il luogo dove abito:
una finestra inesistente
da dove osservo i passanti nascosto dietro le cortine.
Da quella finestra immaginaria
posso riconoscere tra mille il tuo volto.
Potrebbe essere il mio volto perduto che non conosco,
perduto tra altri volti perduti
che s’incontrano solo per scomparire.
Ma, figlio caro, poiché tu non esisti che nella mia immaginazione,
e poiché posso essere così lontano dalla tua inesistenza,
puoi se lo desideri negare il sangue con cui ti ho sognato.
Alla fin fine queste sono appena parole lanciate in una notte
che incomincia a crescere dentro di me, ma che non esiste:
anche se brillano alcune stelle
come brillano le piccole luci
su una bottiglia gettata in mare
da un naufrago stanco ormai della sua solitudine.
RITRATTO DI LUNA PIENA
E’ allegro mio padre
e mi ha guardato negli occhi.
Occhi azzurri che brillano
e illuminano i miei.
Mi ha passato una borsa di polvere da sparo
per caricare le cartucce.
All’alba i nostri piedi romperanno l’erba imbrinata
e i cani alimentati dal sangue degli uccelli morti
ci trasmetteranno il presagio e la furia.
Mi dirà di stare in silenzio
e toglierà la sicurezza all’arma.
I cani rimarranno quieti
trattenendo il respiro e fremendo.
Sentirò battere il cuore con forza.
I nostri occhi s’incontreranno.
Occhi induriti da un patto con la morte.
Lontano canterà una bandurria.
I treiles timorosi non potranno ancora per il freddo.
Io resterò indietro.
I cani ansimanti davanti a lui.
Si porterà al petto lo schioppo
e un tuono resterà a vagare
insieme alle penne trascinate dal vento.
Io correrò in mezzo ai cani per strappargli la pernice
dalla bocca arrossata
e un ammasso con odore di polvere da sparo e di sangue
porterò al mio zaino mentre inizia l’alba.
Ora mio padre è un pugno di muschio illuminato dalla luna.
Un pugno di muschio imbrinato nell’autunno
che copre i resti
del suo vestito scuro impigliato nelle radici.
Un pugno di muschio che io guardo e che mi guarda
mentre la luna si va diluendo
nelle tranquille acque del nuovo giorno.
TEMUCO È UN CANE CONGELATO
Per camminare solo per la notte
come un uccello taciturno
sotto la luna in quarto crescente,
sotto le stelle piene di giugno,
basta solo una brezza,
una piccola brezza che inciti ad attraversare la soglia del chiuso.
Dal suo buco
guarda con l’occhio sempre aperto
il grillo vigilante delle ombre.
In un sopore profondo tacciono
le magnolie indurite dal geloSputano il loro disprezzo
i repressi istanti dimenticati:
cavalli decapitati dall’aurora;
nebbia senza controllo
che avanza tra gli alberi taciturni.
Solo maschere e colombe bianche unite dal freddo
si vedono nell’alba.
Nessuno è quel che crede di essere.
Brina,
solo brina che si ripete sui tetti e sulle anime,
e il cieco sole
che morde l’ostia
del fulgore che muore e si trasforma.
Temuco è un cane congelato
coperto di angeli che sembrano nubi.
CARTA PARA UN HIJO IMAGINARIO
Te escribo esta carta
sentado en la arena de un mar que no existe.
Cuando la leas,
sentirás el oleaje del planeta inventado,
las golondrinas cruzando el ocaso
y las gaviotas sin temor a la furia de las olas.
Un sol hermoso ilumina el sitio en donde habito:
una ventana inexistente
desde donde miro a los transeúntes escondido tras las cortinas.
Desde esa ventana imaginaria
puedo reconocer tu rostro entre miles.
Podría ser el rostro mío que no conozco,
perdido entre otros rostros perdidos
que se encuentran sólo para desaparecer.
Pero, hijo querido, como tú no existes sino en mi imaginación,
y como tan lejano puedo ser desde tu inexistencia,
puedes si lo deseas negar la sangre con que te he soñado.
Al fin apenas éstas son palabras lanzadas a una noche
que empieza a crecer dentro de mí, pero que no existe:
aunque brillen algunas estrellas
como brillan las mínimas luces
sobre una botella lanzada al mar
por un naúfrago cansado ya de su soledad.
RETRATO DE LUNA LLENA
Está alegre mi padre
y me ha mirado a los ojos.
Azules ojos brillando,
Iluminando a los míos.
Me ha pasado una bolsa de pólvora
para cargar los cartuchos.
Al amanecer nuestros pies quebrarán la hierba escarchada
y los perros cebados con la sangre de las aves muertas
nos trasmitirán el presagio y la furia.
Me dirá que guarde silencio
y le sacará el seguro a su arma.
Los perros se quedarán quietos
aguantando la respiración y tiritando.
Sentiré el corazón latir con fuerza.
Nuestros ojos se encontrarán.
Acerados ojos en un pacto con la muerte.
A lo lejos cantará una bandurria.
Los treiles temerosos aún no podrán con el frío.
Yo me quedaré atrás.
Los perros acezantes delante suyo.
Se llevará la escopeta al pecho
y un trueno quedará vagando
junto con las plumas arrastradas por el viento.
Yo correré tras los perros para quitarles la perdiz
del hocico enrojecido
y un amasijo con olor a pólvora y sangre
llevaré a mi morral mientras comienza a amanecer.
Ahora mi padre es un puñado de musgo iluminado por la luna.
Un puñado de musgo escarchado en el otoño
cubriendo las hilachas
de su terno obscuro enredado en las raíces.
Un puñado de musgo que yo miro y que me mira
mientras la luna se va diluyendo
en las apacibles aguas del nuevo día.
TEMUCO ES UN PERRO CONGELADO
Para caminar solo por la noche
como un pájaro taciturno
bajo la luna en cuarto creciente,
bajo las estrellas plenas de junio,
se necesita una brisa apenas,
una pequeña brisa que incite a cruzar los umbrales del encierro.
Desde su agujero
mira con su ojo siempre abierto
el grillo vigilante de las sombras.
En un hondo sopor callan
las magnolias reprimidas por el hielo.
Escupen su desdén
los amordazados instantes olvidados:
caballos decapitados por la aurora;
niebla descontrolada
avanzando por árboles taciturnos.
Sólo antifaces y palomas blancas anudadas por el frío
se ven en el alba.
Nadie es el que cree ser.
Escarcha,
sólo escarcha que se repite sobre los techos y las almas,
y el ciego sol
que muerde la hostia
del refulgir que muerde y se trasmuta.
Temuco es un perro congelado
cubierto de ángeles que parecen nubes.
* (Poemas del libro Carta para un hijo imaginario y otras desmemorias, editado por DOLMEN Ed.)
*Giuseppe Bellini (Brescia, Italia,1923-) es una de las principales voces en los estudios sobre literatura hispanoamericana. Doctor Honoris Causa por las Univ. de Salamanca, Perpignan y Los Andes en Mérida, ha recibido las principales distinciones y reconocimientos oficiales a su labor académica. Ha dictado conferencias en las principales universidades y centros culturales de todo el mundo.
Autor de más de sesenta volúmenes de crítica literaria en el ámbito hispánico y americano, ha publicado un millar de ensayos y reseñas, además de más de cien volúmenes de traducciones y ediciones de textos.
Actualmente, es Catedrático de Lengua y literatura hispanoamericana en


